Mostrando entradas con la etiqueta Artículos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Artículos. Mostrar todas las entradas

domingo, 3 de febrero de 2008

Evo, no le mande más coca a Chávez

Ciudadano presidente Evo Morales: aprovecho su visita a Caracas para escribirle estas breves líneas motivado por las declaraciones de su colega presidente, el "hermano Hugo", en las que públicamente reconoce el consumo de coca todas las mañanas. "Yo mastico coca todos los días en la mañana y miren como estoy. Evo me regaló, así como Fidel me manda helados Copelia y muchas otras cosas que me llegan frecuentemente de La Habana, Evo me manda pasta de coca" (sic).

Para serle sincero desde hace rato tenía ganas de escribirle pero no encontraba el ánimo y esta confesión del presidente ha derramado el vaso de mi paciencia y vencido todas mis resistencias anteriores.

¿Cómo le explico? Con frecuencia las televisoras imperialistas y lacayas de la CIA lo muestran a usted, emocionado, celebrando una nueva ayuda monetaria de su hermano presidente venezolano. En una oportunidad lo vi eufórico blandiendo un cheque en sus manos y anunciándole a la audiencia que se trataba de otro regalo de Hugo Chávez. Muchas veces, con estupor, los venezolanos nos enteramos de los aportes que usted recibe para construir viviendas, para construir o acondicionar instalaciones deportivas o, más recientemente, la recepción de una importante cantidad de motocicletas de muy buena cilindrada para operaciones policiales en su país.

Le ruego no vaya a pensar que me mueve alguna mezquindad o algún resentimiento: es constitutivo de nuestro ser nacional, presente en las tradiciones comunitarias de nuestra cultura indígena y africana, con elevadas cotas en la entrega y el desprendimiento de nuestros padres libertadores comprometidos en la independencia de todo el continente americano, la vocación de asistencia y de solidaridad. Además, permítame confesarle, antes de que usted fuera presidente le tenía estima; aunque difería de su conducción política, reconocía que su candidatura encarnaba la reivindicación de un pueblo y de una cultura ancestralmente maltratada y excluida.

Sin embargo, le ruego no lo tome a mal, verlo de presidente en esa actitud tan sumisa, tan económico dependiente ante Chávez, ver como su hermano Chávez lo toma del hombro y lo muestra como "su cachorrito", el indio Evo, me resulta absolutamente chocante.

Pero volvamos a lo nuestro. Señor presidente Evo, junto con la ineficiencia, el burocratismo y la corrupción, uno de los males más terribles que azota a los venezolanos es el problema de la inseguridad. En nuestro país cada media hora asesinan a un venezolano y en lo que va de gobierno de su hermano presidente Chávez, son más de cien mil las víctimas de la violencia callejera; para nuestra desgracia, Venezuela ostenta uno de los más altos índices de muertes por armas de fuego y, para colmo de males, presidente Evo, de cada cien homicidios 90% permanece impune. ¿Qué cree usted, señor presidente, que siente un venezolano cuando oye la noticia o ve en el periódico la foto del contingente de motos que su hermano presidente le regaló para que combata la delincuencia en Bolivia?

No sé, señor presidente, si usted ha sido informado por el personal de su embajada de la cantidad de graffitis en paredes venezolanas que claman "Mira Chávez, yo también soy boliviano". Sin embargo, presidente Evo, a pesar de este poco diplomático desahogo no pretendo reprocharle que acepte para su pueblo necesitado los regalos de su hermano presidente.

No es usted el único que asiste emocionado a la piñata construida con dinero ajeno en que se ha convertido el erario nacional y que aprovecha la eufórica regaladera del mandatario venezolano. Y, hablando de euforia, este es el tema de fondo al que me quería referir y pedirle un favor en relación con los envíos que dice él usted hace frecuentemente, entiendo, en retribución por el desinteresado apoyo de Venezuela a su gestión de gobierno. Sin embargo, visto que el presidente Chávez confiesa "Yo mastico coca todos los días en la mañana y miren como estoy (sic)" y lo que vemos los venezolanos es a un presidente exaltado que no para de hablar, que insulta y amenaza a nacionales y extranjeros, que denuncia diarios magnicidios, que todos los días está en la televisión, que pretende "pequeñas enmienditas" para perpetuarse en el poder cuando en diciembre el pueblo venezolano rechazó su propuesta reeleccionista, le ruego presidente, se lo ruego de verdad, que no le mande más coca al presidente Chávez. Decimos en criollo, bueno es cilantro pero no tanto.

Opinión
Oscar Lucien
El Nacional

lunes, 21 de enero de 2008

De soldado a soldado

Usted, como yo, ya no usamos nuestros títulos militares para identificarnos, ponemos nuestros nombres y apellidos por delante y nos hacemos responsables de nuestros actos de forma personal. La diferencia es que yo no tengo escudo que me proteja, soy un soldado raso en el llano y usted usa su investidura para hacer quedar mal a un país de hombres libres como Venezuela, escudándose en sus dólares que compran conciencias y terroristas. Sin embargo todavía creo que podríamos hablar de soldado a soldado, de frente y sin temores, es por esto que, a usted le digo:

¿Que carajos estaba pensando para decir las estupideces que habló, pidiendo que se reconozca, como combatientes legales a una banda de secuestradores, narcotraficantes, encubiertos en doctrinas estúpidas, basadas en subir al poder mediante el terror.?

Usted como soldado, sabe o debería saber, que dice el Derecho Internacional Humanitario o el Derecho de Guerra y si no aprendió nada en su vida militar, como da a entender con su estupida proposición, pregúntele a la Cruz Roja de su país, ellos tienen libros sobre tratados internacionales y definiciones de que es un combatiente, un prisioneros y otros, solo como ejemplo recordatorio. Las fuerzas legales tienen prisioneros, con derecho a recibir y mandar correspondencia, a ser visitados por la Cruz Roja. Sus amigos de la FARC y el ELN tiene rehenes secuestrados, niños, mujeres, extranjeros, en circunstancias en que no se respeta su condición de ser humano y peor su honor como dice el Derecho Internacional. Claro, que van a respetar, si ellos son Delincuentes Subversivos.

Oiga soldado, quien mierda es usted para hacer quedar mal a las Fuerzas Armadas Venezolanas, y utilizar el nombre del Libertador Simón Bolívar, hombre que luchó por que en América seamos libres, es decir respetuosos de nuestras propias decisiones. Usted se esta metiendo en las decisiones de otros países, pagando terroristas para que se hagan realidad sus enfermizos deseos de gloria.

Le recuerdo que aquellos caudillos que abusaron del poder en América, mas temprano que tarde terminaron acusados y condenados por los mismos que antes los vitoreaban. Usted no será la excepción. Lo derrocarán y será en las urnas para que sienta el desprecio de su propio pueblo, al que humilla moral y físicamente. No le pido ni aconsejo nada, porque estoy seguro que como Hitler, Mussolini y otros fascistas, usted ya no razona, solo escucha los elogios de sus serviles y los consejos de su mente enferma de egolatría.

Cuando lo veo vistiendo uniforme militar me avergüenzo, y mucho más me avergüenzo cuando un presidente de América Latina, glorifica y pide reconocimiento para las FARC y el ELN, crueles terroristas que usan ideología y uniforme, para escudarse e impunemente asesinar, asaltar y secuestrar.

Usted traiciona los principios morales de los soldados de la democracia, quienes por respeto a la Constitución Política, protegen al gobierno, sin importarles la tendencia política del presidente y si están de acuerdo o no con el gobierno de turno, ofrecen su vida y libertad, por defender el juramento de preservar la voluntad del pueblo. Usted pide reconocer a los delincuentes que están en contra de la democracia en Colombia y América latina.

Por lo expresado y subiendo el tono de mi voz le digo:

SOLDADO , USTED ES UN TRAIDOR.
NOS AVERGUENZA.

José Antonio Gil Quiroga

miércoles, 21 de noviembre de 2007

El Comandante y el Rey

Mario Vargas Llosa

Es verdad que una imagen vale mil palabras y, una secuencia de imágenes, diez mil. El incidente que ha inmortalizado la sesión de clausura de la última Cumbre Iberoamericana celebrada en Santiago de Chile, divulgado al mundo por las cámaras de televisión, dice más e ilustra mejor sobre el caudillo venezolano Chávez y congéneres, así como sobre las relaciones de España con América Latina, que decenas de sesudos ensayos.

Los mejores guionistas de Hollywood no lo hubieran hecho tan bien si querían abrir el espectáculo con la imagen —entre cómica y siniestra— de un espadón tercermundista en plena acción. Interrumpiendo al Presidente del Gobierno español que, tímidamente, se atrevía a recordar a los mandatarios latinoamericanos que "nacionalizar empresas no garantiza nada", el comandante Hugo Chávez se apodera del micro y se dispara en insultos contra José María Aznar, quien alguna vez habría invitado a Venezuela a algo tan ignominioso como integrarse "al primer mundo", propuesta fascista que el caudillo tropical rechazó, claro está, porque "somos humanos y los fascistas no son humanos. Creo que una serpiente es más humana que un fascista o que un racista". La estupidez conceptual se enriquece si quien la emite se expresa con la vulgaridad del comandante Chávez y su gesticulación cuartelera. Hasta aquí nada que sorprenda, aunque, sí, mucho que entristezca y avergüence, si quien presencia la escena es latinoamericano y, sobre todo, venezolano.

Entonces, Rodríguez Zapatero pide la palabra a Michelle Bachelet —la Presidenta de Chile dirige la sesión— y, extremando el respeto de las formas y buscando con verdadera angustia las palabras más prudentes, trata de dejar sentada su protesta por la "descalificación" que se ha hecho de un ex presidente "que fue elegido por los españoles". Digo "trata de" porque, pese a sus educadas maneras, hasta en dos oportunidades es groseramente interrumpido de nuevo por Hugo Chávez, quien, como la presidenta Bachelet le ha cortado el micro, levanta virilmente la voz a fin de que ninguno de los presentes se libre de escucharlo. A estas alturas, el Rey de España, al que literalmente hemos visto demudarse y enrojecer a lo largo de toda esta escena sin poder ocultar la irritación que le produce, irrumpe con su contundente "¿Por qué no te callas?" que, por un instante, deja al soldadote de marras quieto y mudo, como sin duda le ocurría en el cuartel cuando su superior lo aderezaba de carajos. La presidenta Bachelet introduce un inesperado toque de humor al sugerir con meliflua voz a los presentes "que eviten los diálogos".

Otro tercermundista y comandante entra en escena, esta vez un Daniel Ortega maltratado por los años con una calvicie acelerada y una panza capitalista, para desgañitarse atacando a España por los bombardeos de Estados Unidos contra Libia, por las supuestas depredaciones de Unión Fenosa y contra los embajadores españoles por conspirar contra el Frente Sandinista… hasta que el Rey de España se levanta y deja sentada su protesta abandonando la sesión.

La enseñanza más obvia e inmediata de este psicodrama es que hay todavía una América Latina anacrónica, demagógica, inculta y bárbara a la que es una pura pérdida de tiempo y de dinero tratar de asociar a esa civilizada entidad democrática y modernizadora que aspiran a crear las Cumbres Iberoamericanas. Esta será una aspiración imposible mientras haya países latinoamericanos que tengan como gobernantes a gentes como Chávez, Ortega o Evo Morales, para no mencionar a Fidel Castro. Que sean o hayan sido populares y ganaran elecciones no hace de ellos demócratas. Por el contrario, muestra la profunda incultura política y lo frágil que son las convicciones democráticas de sociedades capaces de llevar al poder, en libres comicios, a semejantes personajes. Ellos no asisten a las Cumbres a trabajar por el ideal que las convoca. Van a utilizarlas como una tribuna para internacionalizar la demagogia y las bravatas con que mantienen hipnotizados a sus pueblos y, por eso, esas Cumbres están condenadas al fracaso y al circo. Antes, la estrella indiscutible de ellas era Fidel Castro y sus espectáculos antiimperialistas, que enloquecían de felicidad a los gacetilleros amantes de escándalos. Ahora que Castro dejó de ser caudillo para convertirse en analista internacional —el único que en Cuba habla y despotrica con envidiable libertad— el histrión preferido de la prensa amarilla es Chávez, émulo y ventrílocuo de aquél.

Claro que hay otra América Latina, más decente, honrada, culta y democrática que la representada por estos energúmenos. Estaba allí, en esa sesión de clausura, invisible y muda, como siempre en estas ocasiones en la que los caudillos, hombres fuertes, "comandantes" y payasos se apoderan de las candilejas. ¿Por qué callan y se dejan ningunear y eclipsar de esa manera si ellos son infinitamente más respetables y dignos de ser escuchados que aquéllos? No sólo porque algunos están sobornados por los petrodólares que derrocha el venezolano a diestra y siniestra. A menudo lo hacen porque temen ser víctimas de las diatribas y descalificaciones de aquellos matones, que les pueden soliviantar a sus extremistas criollos y, también, aunque parezca mentira, porque ellos, que sólo son gobernantes civiles que tratan mal que bien o bien que mal de ajustarse a las limitaciones que les señalan las leyes y constituciones, se sienten mandatarios de segunda frente a esos dioses omnímodos que no tienen otro freno para sus excesos y bellaquerías que su soberana voluntad. La salida del Rey de España tuvo la virtud de rasgar el velo de hipocresía que circunda las Cumbres Iberoamericanas a las que, en apariencia —no en la realidad— asisten jefes de Gobierno y de Estado dignos del mismo respeto y consideración. Falso de toda falsedad: el señor Chávez tiene unas credenciales que lo exoneran de toda respetabilidad civil y democrática, pues, el 4 de febrero de 1992, traicionó su uniforme y actuó con felonía intentando un golpe militar contra un gobierno constitucional y legítimo en el que decenas de oficiales y soldados venezolanos murieron defendiendo el Estado de Derecho. Levantarse contra un gobierno constitucional es el peor crimen que pueda cometer un militar y por eso el comandante Chávez fue juzgado, condenado y enviado a la cárcel. Que en lugar de pasarse allí muchos años fuera amnistiado por el presidente Rafael Caldera y luego premiado por una mayoría de venezolanos con la Presidencia de la República no lo absuelve, sólo muestra hasta qué punto estaba turbado ese electorado que se dejó seducir por los cantos de sirena de un demagogo y que está ahora lamentándose amargamente de su error.

Lo absurdo, lo delirante de lo ocurrido en Santiago de Chile es que el comandante Chávez eligiera, para descargar sus iras y convertir en blanco de su mojiganga tercermundista, a España, un país cuyo gobierno ha hecho esfuerzos denodados para llevarse en paz con él, e, incluso, echarle una mano internacionalmente cuando todo el Occidente democrático lo censuraba por sus atropellos a los derechos humanos y sus complicidades con las satrapías fundamentalistas.
¿Alguna otra enseñanza que sacar de todo esto? Que, como es evidente que a los tigres y a las hienas no se las aplaca con venias y sonrisas y echándoles corderos, conviene mucho más a un país democrático como España privilegiar en sus relaciones a países que representan la civilidad, la libertad, la legalidad, y con los que tiene la seguridad de una cooperación real y de largo plazo, que tratar por todos los medios de ganarse la amistad de quienes representan las antípodas de lo que, afortunadamente para los españoles, es hoy España. Ni la Cuba de Fidel Castro ni la Venezuela de Chávez merecen ser, hoy, los amigos dilectos del gobierno español, y sí, en cambio todos esos discretos y esforzados gobiernos que, en el resto del continente latinoamericano trabajan por sacar a sus pueblos de esa barbarie del subdesarrollo que representan no sólo los bajos índices de crecimiento y las vertiginosas desigualdades de ingreso, educación y oportunidades, sino, también, la demagogia y la matonería políticas encarnadas en Ortega y Chávez que las televisiones de todo el mundo pusieron en evidencia en la clausura de la Cumbre Iberoamericana.

Es posible que, al reaccionar como lo hizo, el Rey de España transgrediera el protocolo. ¡Pero qué alegría nos deparó a tantos latinoamericanos, a tantos millones de venezolanos! ¿La prueba? Que he escrito este artículo arrullado por los animados compases del flamante pasodoble que ahora entonan y bailan en todas las universidades venezolanas, que se titula "¿Por qué no te callas?" y cuya tonadilla y letra llueven sin tregua sobre mi computadora.

© Mario Vargas Llosa, 2007.
© Derechos mundiales de prensa en todas las lenguas reservados a Diario El País, SL, 2007.